¿Qué hay detrás del chasquido de los huesos?

Apuesto a que en muchas ocasiones has hecho crujir tus nudillos, los dedos o dando un masaje a alguien has oído algún sonido. El chasquido de los huesos es algo habitual pero, ¿Qué hay detrás de esto?

La artrosis es una afección reumática muy frecuente que se debe a la degeneración de los cartílagos. Favorece la mala alineación de las articulaciones afectadas y dificulta la movilidad. Esto no significa que el crujido de nuestras articulaciones vaya a acabar o signifique que tenemos artrosis. Depende de muchos factores, pero el chasquido o crujido de tus huesos probablemente se deba a otra causa.

Según la explicación que se da en este Blog, lo que ocasiona el crujido de nudillos es «una diferencia de presiones en el interior de la articulación».

En las articulaciones podemos encontrar algunos gases como el oxígeno, nitrógeno o dióxido de carbono, que se encuentran disueltos en el líquido sinovial. Su función principal es la de favorecer el movimiento y nutrir el cartílago (entre otras cosas).

Cuando forzamos una articulación a la hora de realizar un movimiento, el espacio entre los dos huesos que forman la articulación aumenta, provocando que los gases disueltos salgan y la explosión de las burbujas de gas es el principal motivo de que oigamos ese crujido o chasquido.

Si pensamos un poco, por ejemplo, las rodillas son responsables de absorber la mayor presión y llevar el mayor peso sobre una base continua. Un chasquido de rodillas es habitual, pero si va acompañada de dolor sería mejor que acudieras a un médico.

Los ligamentos y tendones pueden estar implicados a su vez en este mecanismo. Cuando la articulación cambia de una posición a otra, los ligamentos y tendones pueden desplazarse por encima de las protuberancias de los huesos, haciendo un sonido de chasquido mientras cambian de posición. De ahí que estirar tras realizar el ejercicio sea fundamental.

Como anécdota debéis saber que en 2009 se otorgó el Nobel de Medicina a Donald L. Unger por su estudio realizado. Consistía en hacer crujir durante 60 años los nudillos de su mano izquierda. El resultado obtenido fue una degeneración similar a la de su mano derecha, concluyendo que ésta circunstancia es inofensiva para la integridad de las articulaciones.

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