Coltán de sangre

El último tema del año en el Alquimista Ingeniero no es muy navideño, pero si que nos demuestra una cruda realidad: la del coltán de sangre. Porque no solo de diamantes vive el hombre. ¿Sabéis de lo que hablo?

Quizás nunca hayáis oído hablar del coltán, un mineral metálico negro y opaco compuesto por los minerales columbita y tantalita. El interés de la explotación de este mineral se basa fundamentalmente en poder extraer tantalio. Su valor, dependerá del porcentaje de tantalita, normalmente ronda el 20% o 40%.

¿Por qué os interesa conocer este mineral? Porque es un componente que resulta fundamental en gran cantidad de aparatos e instrumentos de las nuevas tecnologías: móviles, pantallas de plasma, GPS, consolas, Mp3, Mp4, cámaras de fotos o juguetes electrónicos. También está presente en cohetes espaciales, armas teledirigidas y satélites artificiales.

Las principales reservas de este mineral en el mundo se encuentran divididas en Tailandia (5%), Brasil 5(%) y Australia (10%). Pero la mayor y de la que os vengo a hablar es de la reserva que se encuentra en África, concretamente al este de la República Democrática del Congo (RDC) en la que se encuentran el 80% de las reservas mundiales de coltán. Lo que debería de ser una bendición para el país, se ha convertido en una maldición en un país que tiene una esperanza de vida de 47 años.

Como sucedía en el caso de los diamantes de sangre, lamentablemente las mafias internacionales y los contrabandistas se enriquecen mientras que los mineros congoleños trabajan en condiciones de esclavitud, cobrando apenas 10 dólares mensuales y siendo vigilados por fuerzas paramilitares.

Los niños trabajan en las minas, abandonando la escuela y los estudios. El mineral puede alcanzar un precio de 500 dólares por kilo. Es decir, es más rentable trabajar en esto que en la agricultura y ganadería, lo que significa el abandono de las tierras de cultivo y de los animales. Hay un gran negocio de contrabando de coltán que implica a Ruanda, Uganda y Burundi.

Podéis leer más sobre el tema en este artículo de Libertad Digital.

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