Indicios de vida en Venus

Será que nos asusta la idea de estar solos en el universo, o será que nuestra imaginación empieza a volar hacia las obras del séptimo arte y recrear escenas de películas de Steven Spielberg, pero la noticia sobre los indicios de vida en Venus han sido, sin duda, casi tan sonados como las últimas del coronavirus. Pero, ¿Entendemos de verdad los hallazgos que se han encontrado? ¿O estamos tirando muy pronto las campanas al vuelo?

No hay fotos de ovnis ni de marcianos antes de que empecéis. Vamos a ser muy claros: el descubrimiento que se ha hecho en Venus no es más que la detección de niveles altos de fosfina en la atmósfera del planeta. Los autores llegaron a la conclusión de que su origen podría deberse a motivos biológicos después de realizar simulaciones sobre posibles alternativas. Pero eso no significa que se haya encontrado vida, ni siquiera que pueda llegar a encontrarse.

Como bien explican en este post de National Geographic, la fosfina o fosfano (PH3) es una molécula sencilla, compuesta por un átomo de fósforo y tres de hidrógeno. En nuestro planeta, las reacciones químicas que dan lugar a la fosfina son de dos tipos: o bien se trata de procesos industriales generados por los humanos (Se usó como agente de guerra química en la Primera Guerra Mundial) o se produce en reacciones relacionadas con la química de la vida, concretamente al metabolismo de bacterias anaeróbicas.

Por ahora, los niveles encontrados en Venus resultan inexplicables con los conocimientos que tenemos de la química, de ahí que no se descarte ninguna posibilidad. La fosfina necesita mucho hidrógeno y las temperaturas y presiones adecuadas para formarse, condiciones que se encuentran en Júpiter y Saturno, pero no en Venus.

La gente ha estado especulando sobre la presencia de vida en las nubes de Venus durante más de 50 años, comenzando con Carl Sagan. La misión espacial Magallanes orbitó Venus entre 1990 y 1994 y, allí, pudo penetrar a través de las espesas nubes del planeta para construir la imagen que veis acompañando el post. Aunque el tamaño y la masa del planeta son similares a los de la Tierra, los elevados niveles de dióxido de carbono de la atmósfera son responsables de las elevadas temperaturas superficiales, de unos 400 ºC, suficientes como para derretir el plomo. Es el objeto más brillante del cielo nocturno después de la Luna, pero también es un lugar muy hostil para cualquier tipo de vida tal como la conocemos.

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