Aníbal y la Química

Hoy, en el Alquimista Ingeniero, echamos la vista atrás a uno de los eventos más importantes en la historia. Corría el año 218 A.C. y Aníbal, al mando de un ejército formado por más de 30000 hombres a pie, 15000 a caballo y 38 elefantes se proponía cruzar los Alpes. Hoy, nos preguntamos cómo pudieron los cartagineses superar una barrera aparentemente infranqueable durante su marcha hacia Roma.

Una de las preguntas que los historiadores más veces se han hecho es cuál es el lugar exacto por el que Aníbal atravesó las cumbres alpinas para llegar hasta Roma. Existían diversas opciones, pues unos defendían que lo hizo por el puerto de San Bernardo y, en cambio, otros que por el de Mont Cenis o bien por el de Clapier. Hay quien decía que estaban equivocados, que pasó mucho más al sur, por el de Larche. Los testimonios que se disponen son bastante imprecisos al respecto y no sacan de dudas. Lo que sí se sabe es que el contingente cruzó pantanos, bordeó lagos, escarpó montañas y recorrió interminables desfiladeros. En algún momento tuvieron que hacer un alto en el camino para descansar… y ahí es donde se puede encontrar la solución, como nos indica esta noticia de ABC.

En 2016, un equipo de investigadores de la Universidad de York encontró evidencias de que el paso que utilizaron las huestes cartaginesas fue el Col de la Taversette, al sureste de Grenoble y al suroeste de Turín. Llegaron a esta conclusión a partir de un análisis genético microbiano, la química ambiental, el análisis de polen y las técnicas geofísicas. Con todo este material descubrieron una enorme masa de deyecciones en una determinada zona de la orografía alpina.

El análisis vertió dos resultados muy concluyentes: Su datación, en torno al 200 A.C., encajaba en el marco temporal, y en su composición había Clostridium (un microbio presente en las excretas de los caballos) en proporción superior al setenta por ciento. Solo un enorme trasiego de animales y personas sería capaz de explicar este hecho.

A pesar del cansancio y los rigores del invierno, Aníbal hizo que un ejército coronase los Alpes y descendiese, entre peñascos y desfiladeros, por la cara opuesta para, a continuación, batirse a muerte con los ejércitos romanos y derrotarles. No eligieron la ruta más fácil, pero así evitaban el ataque de tribus locales.

Entre las provisiones había mucho vino. Aníbal ordenó formar grandes hogueras en el desfiladero, sobre las cuales se vertió todo el vino que transportaban. Si las condiciones de conservación no son las apropiadas (mal tapado, algo muy probable en aquella época), se produce una reacción de oxigenación, de forma que el etanol se convierte en ácido acético (es decir, el vino se avinagra). A eso hay que sumar el hecho de que las rocas de los Alpes están compuestas químicamente, en su mayor parte, por carbonato de calcio. Cuando se vierte ácido acético sobre carbonato cálcico caliente se torna frágil y quebradizo, de forma que se erigió una improvisada “escalera”, que les permitió descender. En menos de una semana, los cartagineses lograron hacerse con el descenso de las montañas.

Así, el general consiguió terminar una de las empresas militares más recordadas de la antigüedad.

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